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<title>A contra luz</title>
<link>http://acontraluz.bitacoras.com</link>
<description>A contra luz</description>
<language>es-es</language>

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<title>MIRALE EL LADO POSITVO</title>
<link>http://acontraluz.bitacoras.com/archivos/2005/05/29/mirale_el_lado_positvo</link>
<description><![CDATA[ Sabés porqué te pusimos Luz ¿no? Me preguntó mi viejo acostado en la cama de dos plazas. Tenía la cabeza apoyada en su antebrazo y la mirada fija en el techo del cuarto. Había discutido con mi vieja hacía unos minutos. Y yo estaba ahí, como siempre, arrodillada sobre la cama escuchando todo lo que él tenía que para decir al respecto.<br /><br />Tu abuelo estuvo muy enamorado de una Luz. En realidad, fue su primer mujer pero enviudó y se casó después con tu abuela Pepi. Y tu abuelo sugirió el nombre cuando vos naciste y tu madre te puso Luz.<br />
<br />
Una Luz que dio a luz a otra Luz, pensé. Sonreí, me sentí orgullosa de la ocurrencia. Re-original. Tan original como ser la hija del medio. Siempre sentí  que la hija del medio es la mejor. Sí, la mejor pero también la más sacrificada. Nunca tuviste un tiempo a solas con tus viejos, heredaste siempre la ropa grande y desgastada de tu hermana y tampoco recibiste los mismos regalos que le hacían a tu hermanito.<br />
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Los hijos del medio, valga la redundancia, siempre están en el medio. Funcionan como eslabones, unen al mayor y al menor. Son los verdaderamente llamados hijos. El primer embarazo representa la llegada de un bebé, de “el bebé”. Sólo con el segundo embarazo se abre la puerta de la familia. Después de este, quizás tengamos otro, pero todavía lo estamos pensando. Y en mi familia, llegó otro y después otro.  <br />
<br />
Pero, la verdad: todo lo que dije antes es mentira. No soy exactamente la hija del medio. Mi hermana es sólo hija de mi vieja aunque fue mi viejo él que la crío toda la vida. Así que es mi media hermana, por decirlo de alguna forma (aunque las formas nunca se acoplan a nuestros decires). Y yo soy la primer hija de mis viejos pero sigo cumpliendo la función de unión típica de los medianos. Conmigo nació mi familia, para bien o para mal.  <br />
<br />
Todos los 12 de octubre, la familia de tu madre viajaba hasta Santa Fe, donde queda el cementerio donde está enterrada Luz. Ella murió ese día pariendo. El bebé también se murió. Antes de este embarazo, ella ya había abortado. En esa época se perdían muchas vidas por complicaciones de este tipo. El problema era que tu abuelo era RH positivo y Luz era RH negativo. Y esta combinación sanguínea resulta fatal si el feto hereda el tipo de sangre del padre.<br />
<br />
No entendía muy bien de lo que me estaba hablando. Por lo general, en los monólogos de mi viejo analizo qué músculos son los que se levantan cuando se aprietan determinadas notas. Es como tocar el piano con la cola abierta, y ver qué cuerda vibra cuando se toca un sol sostenido. Pero esta vez, al hablar de mí sin hablar de mí me tenía presa en esa marabunta de términos médicos sin sentido. Él continuó con la solemnidad de quién “sabe de lo que está hablando”.<br />
<br />
Por lo general, el primer embarazo no tiene complicaciones, el bebé nace y punto. A menos que la madre haya tenido embarazos interrumpidos o abortos espontáneos. ¿Está? En cambio, en el segundo el cuerpo de la madre crea los anticuerpos necesarios para atacar la sangre fetal. ¿Está? Esto produce una especie de cortocircuito en el organismo de ambos que puede llevar a la muerte, tanto del feto como de la madre. <br />
<br />
Pasé la mano por una arruga que se plegaba en la sábana. Mira vos, pensé. O sea que hay familias que están destinadas al fracaso y otras a la victoria. Ahora, qué mal que eligió esta piba Luz el candidato, alguna amiga le podría haber dicho: “mira, que este irlandés se hace mala sangre por todo” o algo así; y fin del problema. Pero por alguna extraña razón, el enamoramiento fue más fuerte que la llamada química de los cuerpos. Y si no fuera por la muerte de Luz y su hijo, yo no estaría arrodillada junto a mi viejo. El punto de unión, ese eslabón capaz de crear familia al colapsar dio origen a otros satélites, mi vieja y mi tío; mi hermana, yo y mi hermano.   <br />
<br />
Y mi viejo sigue hablando, creo que de Kirchner, de lo que podemos comer hoy a la noche o de su nueva amante. ¿Y yo? Yo no plancho más los pliegues del colchón, los dejo ser, esperando que en algún momento se pongan de acuerdo entre ellos y se rebelen contra la llanura que los sofoca. <br />
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<title>MICRO ESCOLAR</title>
<link>http://acontraluz.bitacoras.com/archivos/2005/05/11/micro_escolar</link>
<description><![CDATA[ 					 <br />
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Hoy me levanté temprano, se puede decir contenta. Tampoco radiante pero contenta. La noche anterior había hablado con Celeste por teléfono. Nos pusimos al día sobre nuestras miserias. Con ella hablo poco desde que empezó a trabajar en la pizzería. Empezó a fines de diciembre porque no tenía nada mejor que hacer y porque Ovidio el dueño del lugar, le había dicho que le faltaba una mesera después de pasar con ella una noche de sexo, droga y rock and roll. Bueno en realidad, sexo, drogas y rock and roll casí no hubo porque las drogas se las había tomado sólo él para sucumbir al ritmo del secarropas electrónico, reduciendo así las posibildades básicas del intercoito.  Fue cuando la estaba despidiendo en la parada del colectivo que le mencionó el tema de laburar para él. Ella se sintió halagada y recompensada; nunca pensó que una fellatio podría gratificarla tanto. <br /><br />¿Y cómo van las cosas en la pizzería?<br />
¿Con Ovidio?<br />
Sí, con quien va a ser sino.<br />
Nada, es un pelotudo. Ni me hables.<br />
Bueno eso ya lo sabemos<br />
Hace una semana que no lo veo. El sábado hizo una fiesta en su casa. <br />
Si, ya me dijiste.<br />
Bueno entonces fingi sorpresa. <br />
Ok. ¿Quién fue a la fiesta?<br />
Me imagino que sus amigos drogones y las gordas griegas.<br />
<br />
Las griegas son dos. Llegaron a Buenos Aires en febrero, justo para la vuelta de las vacaciones de Celeste. Daphne trabajó como mesera para Ovidio unos seis meses antes que ella.  No sé si el rigor de selección  operó exactamente igual que con mi amiga; pero el tema es que se pusieron de novios. Después la ática se fue y mantuvieron largas conversaciones intraocéanicas. Ahora ella vive en lo de Ovidio con su amiga, la griega número dos. Supuestamente volvió para hacer un posgrado en Artes en la Pueyrredon.<br />
<br />
¿O sea que no sabes nada?<br />
No. ¿Mañana vas a Puan? Quiero ir a sacar apuntes para estudiar el fin de semana.<br />
No pensaba... pero podemor ir ¿no?. <br />
Dale, pasame a buscar mañana tipo diez asi vamos.<br />
<br />
En realidad las dos sabemos que lo de Puan es solo una excusa para hacer algo el viernes por la tarde porque ninguna planea ojear algun texto del pilón que nos trajimos del paseo.<br />
Asi que cuando se subió al auto y le dije que me parecía que antes de ir tenía que pasar por un taller mecánico (el auto me estaba haciendo un ruido extraño) ni se inmutó.<br />
<br />
¿Lo escuchas? ¡Me esta volviendo loca! Chifu, chifu, chifu. ¿A qué te suena?<br />
A regador automático de cancha de polo. <br />
¡Siiii, boluda! ¡Me esta volviendo loca!<br />
Igual este sonido me es familiar...<br />
¡Si, sabes qué a mi también! –  le dije saltando sobre mi asiento; no sé porque esta mañana estaba particularmente exaltable- ¿Sabés a qué me suena? A ruido de espera de micro escolar. Chifu, chifu, chifu.<br />
Si, debe ser eso. Mejor vamos a ver qué es. <br />
<br />
Metí el auto en el primer taller mecánico que encontré. Cuando estacioné un panzón canoso y libinidoso se acercó a mi ventanilla. <br />
<br />
Si ¿qué tal? Vengo porque el auto me hace un ruido como a..<br />
El viejo retrocedió unos centímetros hacia atrás:<br />
No soy de acá, me dijo orgulloso<br />
Y encontces para qué carajo te acercás gordo pajero le dije a Celeste mientras intentaba maniobrar por donde me indicaba un morochón vestido de overol azul devenido en celeste pálido. Me levantó la mano en alto y frené. <br />
<br />
Está bueno el morochón, me dijo Celeste saliendo del letargo. <br />
Sí ¿no?, dije girando mi cuerpo entusiasmada hacia ella. <br />
Te están hablando, boluda<br />
¡Ah! Sí, hola ¿qué tál? – al lado mío tenía al morocho agachado y con las cejas levantadas- El auto me hace ruido como a regador de jardín –le retruqué con cara de minita consternada y en peligro de fuego.<br />
El morocho levantó unos centímetros más las cejas. Guau, pensé y me reacomedé en el asiento. <br />
Hace chifu, chifu, chifu, le dije moviendo los labios de atrás para adelante frenéticamente. <br />
Es la correa, me dijo altanero y se fue caminando hacia la punta del auto<br />
¡Qué boluda! ¿Tenes fuego, Cele? Necesito un cigarrilo.<br />
Tomá, me dijo alcanzándome el suyo. <br />
¿Qué carajo será la correa? <br />
Ni idea. Pero él esta bárbaro. <br />
Sí, además son como médicos; nunca entendés un carajo cuando hablan de tus problemas...<br />
Traé el auto un poco más adelante, me gritó el morocho desde la otra punta. Ahí, ahí, ahí. ¡Listo!. ¡Abrime el capot!. <br />
Te abro lo que quieras, papá, le dije a Celeste y explotamos las dos en una carcajada histérica. <br />
<br />
El morocho levantó el capot tapándonos gran parte del espectáculo. Seguimos sus movimientos por la apertura que se abría entre el capot y la carrocería. Se agachó hacia el motor, curioso. Después se refregó las manos y metió la derecha en un tubo negro y aceitado. <br />
<br />
¡Vas a tener que cambiarle la correa! -  nos gritó desde la otra punta.<br />
Ok, le grité yo desde adentro del auto, cambia todo lo que sea necesario. Ya me estaba costando salivar<br />
¿Cúanto me costaría más o menos?<br />
Y la mano de obra más el repuesto, gritó mientras cerraba el capot de un golpe. Pero va a tardar unas horas porque hay que ir a comprar los repuestos y el lugar no abre hasta las dos, dijo caminando hasta mi ventanilla. <br />
¿Qué hacemos? Vamos hasta Puan en bondi ¿no?<br />
¿Y tenemos algo mejor que hacer?, me contestó Celeste<br />
Ok, te lo dejo entonces – le dije al morocho mientras intentaba hallar mi salida hacia fuera de la forma más espléndida posible.<br />
Te dejo las llaves ¿no?<br />
Y sí, si no ¿cómo te lo arreglo?<br />
No paras de hacer preguntas boludas, me dijo Celeste mientras nos alejábamos en busca de la parada del colectivo.<br />
Si, no sé que me pasa hoy. <br />
Es acá. <br />
¿Qué hora es?<br />
La una y media<br />
Temprano ¿no?, dije prendiendome un cigarrillo<br />
Si, ahí viene- dijo Celeste levantando la mano<br />
Es infalible. Uno prende un pucho y llega el bondi. <br />
¡Qué suerte viene vacio!- me dijo mientras subía detrás de mí.<br />
Setenta, le dije al chofer<br />
Ochenta, boluda.<br />
Perdon, ochenta, dije abochornada. Espero que nadie se haya dado cuenta, dije trayéndola a Celeste para mí, tirándole de la camiseta- ¡Qué horror! Parezco mi vieja. <br />
Nos sentamos en la cuarta fila de los asientos dobles porque la ventanilla ya estaba abierta de par en par.  <br />
Estas contenta ¿no?, me preguntó Celeste mirando al vacío<br />
Si, no sé por qué, dije mientras el chofer arrancaba y sentía vibrar la fuerza del motor por debajo de mi asiento. <br />
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<title>TROQUELADO</title>
<link>http://acontraluz.bitacoras.com/archivos/2005/04/19/troquelado</link>
<description><![CDATA[ Otra vez el perro se cagó en la cocina. La primera vez que se cagó, fue en una madrugada calurosa; yo volvía de alguna otra mala salida porque estaba con Julia en la cocina, hablando boludeces de alto vuelo seguramente. Mm, che, tu perro se cagó. Que cagada, dije mientras tragaba el último resto de coca-cola que quedaba en el vaso. Ahora, en un rato lo limpio, cuando se haya enfriado. No me dio tiempo. Mi perro se empezó a comer su propia mierda.<br /><br /><br />
Esta noche, después de limpiar su mierda con la bolsa del Disco, lo saque a pasear. Antes de salir, me prendí un cigarrillo, me pareció más glam. Lo lleve hasta la esquina y me senté, el también. Parecía contento. Solo había calor en la calle. Nada más. Del edificio de enfrente, creí escuchar una fuerte discusión. Levanté la vista del adoquinado fosforescente, el edificio irradiaba estelas violacias, parecían várices. Así estaba yo, haciendo esquina en algún punto de Buenos Aires, escuchando por líneas el noticiero del vecino, mientas esperaba con el cigarrillo quebrado que Cary Grant me pasase a buscar. En esos autos descapotables, pensé y solté con estilo la última bocanada que me quedaba. Dejé caer la colilla y la deje consumirse frente a mis ojos.<br />
 <br />
Hace cinco minutos que se apagó la última brasa. Sigo mirando el piso desde entonces. No hay viento que mueva las hojas. Ni sombras. Sólo queda la tele y el respirar cansado de mi perro. Fijo mis ojos en el farol que sostienen los diversos cables que conectan las cuatro esquinas. Fijo mi vista en él hasta encandilarme. Vuelvo al adoquinado. Te aburrís, Luz. Te aburrís esperando y esperas aburriéndote. Me levanto. Me gustaría tajear esta noche, troquelarla y  abollarla con mis manos, para después tirarla en la bolsa de Disco junto con la mierda de mi perro. Arriba Sadu, mejor vamos a ver tele en casa. <br />
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<title>PEQUEÑO CUBÍCULO</title>
<link>http://acontraluz.bitacoras.com/archivos/2005/04/12/pequeno_cubiculo</link>
<description><![CDATA[ Las hastas del ventilador golpean mis piernas inmvolizadas por el calor de la cera,  el viento metálico entrecorta mi respiración. Entrecierro los ojos mientras ella raspa, levantando lentamente, esa puntita seca que se despliega en la cera. Y cómo te fue en las vacaciones. Miro sus brazos musculosos contraerse, giro rápido la cabeza hacia la pared de durlok. Con el tirón mi lengua choca con el borde de mi labio superior. Sus uñas desesmaltadas color rojo pasión rastrean algun pedazo de cera seca entre mis piernas. Mi piel desnuda no entiende cómo responder a ese contacto, se eriza, transmuta, entra en estado de shock. Pasa del calor de la cera  al frío que deshislacha la cortina; del contacto suave del algodón entalcado a la esterilidad húmeda del alcohol puro.<br /><br /><br />
Cómo salió el juicio. La espátula rodeada de cera revolotea cerca de mi sexo. Ella toma un gancho del cacharro metálico y envuelve mi bombacha en él, rozando mis pelos púbicos con su mano. Salió bien por suerte. Le dije que era abogada, a las depiladoras les entusiasman las profesiones tradicionales. El mismo cavado de siempre ¿no? Mientras ella aplica la cera sobre las gotas de sudor acumuladas en mi entrepierna, escucho la conversación del cubículo vecino. Alguien se depila para una fiesta de quince. Tiene una voz muy áspera para su edad. ¿Seguís de novia? Contraigo los cuadriceps mientras la cera desprende parte de mi cuerpo. Suspiro. Ya paso lo peor, gordi. Giro la cabeza hacia el techo, Fito Paez canta brillante sobre el mic. <br />
<br />
Ya te podes dar vuelta, mami. Antes de acostar la cabeza sobre la camilla, corro mi pelo hacia la derecha. Apoyo mis antebrazos sobre mis pechos. Odio no poder ver lo que ella hace a mis espaldas. Tengo que relajarme, no tengo que contraer los glúteos, no quiero que se note la celulitis. Relajate gordi, así sale mejor la cera. Entreabro los ojos, en la esquina del cubículo mis pantalones cuelgan sobre la silla. Cierro los ojos nuevamente. No estoy preparada para que ella siga con su trabajo. Quiero decírselo. Escucho como revuelve la sustancia amarronada en el cacharro gris.  <br />
<br />
No sé que hacer con ese plástico que se acerca, no sé como reaccionar ante el miedo que me produce ese contacto tan próximo; mi piel saturada demora en distinguir el roce humano del resto de los estímulos.  A qué hora saldrá de trabajar. Tardará mucho en llegar a su casa. El último tirón y ya terminamos, gordi.  <br />
<br />
Este cuarto me despierta ese miedo al cuerpo otro, ese miedo a ser tocado; revivo esa angustia primera, esa: la anterior al primer beso. Y quizás es por esa razón, que ir a depilarme siempre me incomoda y me conmueve. Ya esta gorda. Es extraño que en esa futilidad mi cuerpo se prenda a la vida y no quiera aflojar, no quiero que lo desprendan del mundo de la misma forma que ella arrastra con sus manos la fina capa de cera que queda en mi cuerpo, no quiero que se lleven mis sensaciones a pasear, no quiero cerrar los ojos para no abrilos más, solo quiero mirar eternamente esa pared de durlok. ¿Te paso crema? Quiero que el ventilador siga golpeando furioso entre mis piernas, quiero saber si mi vecina saca el anillo de la gran torta blanca, quiero seguir sintiendo sus manos color crema. Ya te podes vestir, gordi. Me cuesta abrochar los botones del jean, me cuesta aguantar mi piel renacida en esa dureza, me cuesta irme de este pequeño cubículo. Son veintidós pesos gordi. En caja te cobran. <br />
]]></description>\n</item>

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<title>WE ALL LIVE IN A YELLOW SUBMARINE</title>
<link>http://acontraluz.bitacoras.com/archivos/2005/04/07/we_all_live_in_a_yellow_submarine2</link>
<description><![CDATA[ Se despertó con los gritos de las hijas del vecino. Parece que Juanita había salido a bailar con el sweater de Verónica o Mónica, nunca se acordaba del nombre de la otra. No debo ser la primera persona en olvidar su nombre, pensó y estiró la mano en busca del despertador. Las nueve y diez de la mañana. Temprano para ser domingo. Soltó el despertador y buscó el teléfono. Chequeó los mensajes. Usted tiene cero mensajes nuevos. Una luz tibia rozó su pierna, giró el cuerpo y flexionó las rodillas. Cerró los ojos. Qué le habrá visto Ricardo Mollo a Natalia Oreiro, pensó mientras unos pliegues comenzaban a reunirse en su entrecejo. Mejor me levanto y me voy de shopping que no tengo qué ponerme. Se cambió rápido, recalentó café en el microondas y salió del departamento. Los gritos seguían. Seguro que Juanita le estiró el sweater a su hermana. Pobre, no le alcanza con ser fea; pensó mientras levantaba su brazo para parar un taxi.<br /><br />Se bajó decidida en Santa Fe y Callao. Bueno le puede parecer linda pero... ¿por qué se caso con la Oreiro? se preguntó mientras cruzaba la avenida. El día estaba limpio, casi no había autos en la calle. Un viento fresco le subió por las piernas levantándole apenas la pollera. No entiendo. Porqué los tipos como la gente terminan con las mujeres que tienen pasto en la cabeza. Es como Orson Wells y Rita Hayworth, como Marilyn y Miller. Frenó bruscamente en la vidriera de Zara. Entró. En Zara nunca se sentía vieja, hasta ahora nunca se había ido sin antes comprarse algo. Zara es clásica y moderna, como yo; penso y enfiló para los saquitos de invierno. ¡Qué divina la tela! ¡Qué suave! ¿Quedaré muy pendevieja con este? Y... es un poco colorido. ¿Le gustará a Eduardo? La primera vez que me vio tenía puesto el trajecito gris. ¿Seré para Eduardo una idiota sin cerebro que sale de compras los domingos cuando se deprime? No, yo le gusto; si no me hubiese invitado a tomar algo esta noche. Alzó un vestido negro, lo inspeccionó minuciosamente. Clásica y moderna, pensó. ¿Por qué siempre hago lo mismo? ¿Por qué no me pongo algo que ya tengo? ¿ Y por qué no salimos ayer? ¿Tendrá otra mina?. Apoyó el vestido negro sobre su pecho y se miró al espejo unos minutos. Después enfrentó el vestido a ella, girándolo como a una marioneta. Miró el precio en la etiqueta. Apretó el vestido nuevamente sobre su pecho y mordió el labio inferior de su propio reflejo. Se sonrió. Clásico y moderno.<br />
<br />
¿Y si sale con una Natalia Oreiro? No, a Eduardo le gustan las minas inteligentes sino no estaría conmigo. Pero es músico como Mollo. ¿Le pareceré linda? Mejor cuando salga de acá me meto en la depiladora porque nadie quiere una intelectual bigotuda al lado suyo. Y me compró de paso un conjunto de lencería. Pero lo de Natalia Oreiro y Mollo es inconcebible. ¿Dónde estará la ropa interior? Desfiló hasta el final de local con la percha sobre su hombro. En unos cajones había diferentes modelos de bombachas y corpiños. Se encontró com el mismo modelo que había comprado el año pasado. Con un conjunto negro, uno rojo y otro blanco en mano se fue hacia el probador.<br />
<br />
Aparte de ser idiota canta para el orto. ¿Pegará los mismos alaridos en la cama? ¡Qué espanto! Quizás yo tendría que gritar un poco más. Puedo empezar hoy a la noche. Le faltaba terminar de pasar los brazos por el vestido negro. Se lo sacó de un tirón. Corrió la cortina. Retrocedió y volvió avanzar. Mejor me compró otra cosa. Caminó rápido, su pie trastabilló al llegar al perchero. Empujó una percha, después otra. El choque entre los metales se hizo cada vez más insistente. Extrajo un vestido rosa, escotado. Ahora necesito un corpiño con relleno o con push-up. Con el color negro nadie se entera que existen tetas caídas. Volvío a los cajones. Los corpiños son demasiado armatostes. Igual el corpiño es lo primero en volar y los hombres nunca se fijan. Resuelta se dirigió hacia la caja, pagó con la tarjeta de débito y con el placer de tener varias bolsas de papel colgando, salió airosa del local.<br />
<br />
Bueno ya sé lo que voy a tener puesto ahora le preocupante es el lugar. En su casa puede ser. Debe ser un loft amplio y luminoso. Aunque también puede ser un antro repleto de parlantes e instrumentos. Mollo vive en la casa que Natalia se compró en Palermo viejo. Mi vieja cuando se enteró se quiso morir. ¡Qué linda casa! Haciendo malabares con sus compras contó cuánta plata tenía. Sacó unas monedas de su billetera y se fue hasta la esquina. No; mejor un telo. ¡Qué poco románticos son los telos para el primer polvo! Contó de nuevo las monedas, no había perdido ninguna. Setenta. Se subió al colectivo y se sentó en el segundo asiento de la fila derecha. Con fuerza intentó abrir la ventana; estaba demasíado dura.<br />
<br />
Caminó dos cuadras después de la bajada hasta llegar a su casa. Eufórica subió dos pisos por escalera, estaba demasiado ansiosa para esperar al ascensor. Tiró las bolsas por el living, prendió la radio y puso café a recalentar. Se desnudó rápido y revolvió las bolsas en busca del vestido rosa. Se lo puso. Y.. esto es otra cosa. Mucho más sexy, más yegua pensó mientras giraba su cuerpo sobre su mismo eje. ¡Qué diosa! Espero que después de esta inversión Eduardo pague un telo como la gente. ¿Qué? ¿Qué dicen de la Oreiro?. Subió el volumen de la radio y sacó la taza del microondas. ¡¿Cómo se van a separar?! Pero me están jodiendo gritó mientras el líquido amarronado comenzaba a penetrar la tela color rosa.<br />
<br />
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