Martes, 12 de abril de 2005
Las hastas del ventilador golpean mis piernas inmvolizadas por el calor de la cera, el viento metálico entrecorta mi respiración. Entrecierro los ojos mientras ella raspa, levantando lentamente, esa puntita seca que se despliega en la cera. Y cómo te fue en las vacaciones. Miro sus brazos musculosos contraerse, giro rápido la cabeza hacia la pared de durlok. Con el tirón mi lengua choca con el borde de mi labio superior. Sus uñas desesmaltadas color rojo pasión rastrean algun pedazo de cera seca entre mis piernas. Mi piel desnuda no entiende cómo responder a ese contacto, se eriza, transmuta, entra en estado de shock. Pasa del calor de la cera al frío que deshislacha la cortina; del contacto suave del algodón entalcado a la esterilidad húmeda del alcohol puro.
Cómo salió el juicio. La espátula rodeada de cera revolotea cerca de mi sexo. Ella toma un gancho del cacharro metálico y envuelve mi bombacha en él, rozando mis pelos púbicos con su mano. Salió bien por suerte. Le dije que era abogada, a las depiladoras les entusiasman las profesiones tradicionales. El mismo cavado de siempre ¿no? Mientras ella aplica la cera sobre las gotas de sudor acumuladas en mi entrepierna, escucho la conversación del cubículo vecino. Alguien se depila para una fiesta de quince. Tiene una voz muy áspera para su edad. ¿Seguís de novia? Contraigo los cuadriceps mientras la cera desprende parte de mi cuerpo. Suspiro. Ya paso lo peor, gordi. Giro la cabeza hacia el techo, Fito Paez canta brillante sobre el mic.
Ya te podes dar vuelta, mami. Antes de acostar la cabeza sobre la camilla, corro mi pelo hacia la derecha. Apoyo mis antebrazos sobre mis pechos. Odio no poder ver lo que ella hace a mis espaldas. Tengo que relajarme, no tengo que contraer los glúteos, no quiero que se note la celulitis. Relajate gordi, así sale mejor la cera. Entreabro los ojos, en la esquina del cubículo mis pantalones cuelgan sobre la silla. Cierro los ojos nuevamente. No estoy preparada para que ella siga con su trabajo. Quiero decírselo. Escucho como revuelve la sustancia amarronada en el cacharro gris.
No sé que hacer con ese plástico que se acerca, no sé como reaccionar ante el miedo que me produce ese contacto tan próximo; mi piel saturada demora en distinguir el roce humano del resto de los estímulos. A qué hora saldrá de trabajar. Tardará mucho en llegar a su casa. El último tirón y ya terminamos, gordi.
Este cuarto me despierta ese miedo al cuerpo otro, ese miedo a ser tocado; revivo esa angustia primera, esa: la anterior al primer beso. Y quizás es por esa razón, que ir a depilarme siempre me incomoda y me conmueve. Ya esta gorda. Es extraño que en esa futilidad mi cuerpo se prenda a la vida y no quiera aflojar, no quiero que lo desprendan del mundo de la misma forma que ella arrastra con sus manos la fina capa de cera que queda en mi cuerpo, no quiero que se lleven mis sensaciones a pasear, no quiero cerrar los ojos para no abrilos más, solo quiero mirar eternamente esa pared de durlok. ¿Te paso crema? Quiero que el ventilador siga golpeando furioso entre mis piernas, quiero saber si mi vecina saca el anillo de la gran torta blanca, quiero seguir sintiendo sus manos color crema. Ya te podes vestir, gordi. Me cuesta abrochar los botones del jean, me cuesta aguantar mi piel renacida en esa dureza, me cuesta irme de este pequeño cubículo. Son veintidós pesos gordi. En caja te cobran.
Por: Luz | General | Comentarios (4) | Referencias (0)
Lourdes | 21-04-2005 08:28:34
mmm... | 01-05-2005 23:10:58
salu | 15-05-2005 02:27:20
Daniela | 30-08-2005 21:06:46